Hace nada se me murió un amigo.
Alguien que sabía
donde terminaba su camino.
Lo llenó de esperanzas
e hizo fácil la ilusión
de romper viejos paradigmas.
Estaba la ciencia coja, anulada
por símbolos y probabilidades,
y le dio luz,
puso esperanza,
cambió la mirada.
Jesús se llamaba
y estaba enfermo,
y él lo sabía como nadie,
mejor cada día.
Hablaba con su destino,
cada día muriendo un poco,
volando en su camino
hacia un mundo nuevo
donde escribir será fácil,
donde el abrazo
quedará permanente.
Me lo encontré en mi camino
no hace mucho y
puso nidos y pájaros
y amistad
y nuevas veredas
por donde correr y ver.
Gracias Jesús. Hablamos.
Voy andando, voy corriendo.
DEP
Profesor Francisco Sanchez Muniz
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